Dejo el vaso lleno de un silencio que sacia esta sed de escapar,
observo por la ventana la mañana que entre la lluvia se fué,
reviso lineas de palabras extraviadas en un cojín del sofá,
y percibo que tu risa ahora acaricia la esperanza de otra piel.
Ahora escucho otros sonidos que aparecen tras la puerta,
son quejidos de un cruel y mudo tiempo que partió
y que deja en esa viga la mirada fija de una cuerda
que me invita a formar parte de ese destino atroz.
No puedo ser tiempo y detenerme a mi mismo
No puedo ser muerte y abrazar a mi ser
No puedo ser un amor y odiarme a la vez
No puedo ser vacío y caer a tu abismo.
No puedo vivir muriendo a la orilla de tu voz.
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